Al día siguiente, Isabella se siente más renovada que nunca. Al final, Alexander sí que tenía razón, necesitaban desestresarse un poco.
Extrañaba a sus pequeños con locura, pero si verlos poco y no tenerlos con ella en casa, era el precio que teniauque pagar por su seguridad, lo haría el tiempo que hiciera falta.
La mañana estaba radiante y la luz del sol penetraba por los enormes ventanales de la oficina. Isabella había ido para trabajar en una nueva idea del proyecto social que tenía con Henr