Dos días llevaba el pequeño Azriel conectado a cables y tubos.
Dos días cargados de ansiedad, pero al menos, ambos padres se tenían el uno al otro para soportar los momentos difíciles.
Adriel permanecía en el sillón más cercano, con la cabeza apoyada en una mano, mientras observaba a su hijo dormido.
Pronto se casaría, pero cada segundo en ese cuarto le recordaba que no podía alejarse por completo de Jade, ni de los hijos que compartían. Y tampoco era como si quisiera hacerlo. De alguna forma e