—¿De qué estás hablando, mujer?
Roberto no podía creer lo que estaba diciendo Sofía. Ni siquiera recordaba su nombre y ahora, simplemente aparecía anunciando con bombos y platillos que tenían una hija juntos.
¿Cómo era eso posible?
—De que en uno de esos encuentros quedé embarazada, Roberto. Pero cuando me enteré de mi embarazo, tú ya habías cometido muchos errores y pagarías una larga condena en la cárcel —continuó la mujer con voz baja y la mirada de todos atravesándola insistentemente. C