—¡Suéltame! —exigió Natalia, cuando entraron en la habitación.
Los niños se habían quedado en la pequeña sala junto a su madre y ahora estaba aquí, encerrada en una habitación con este monstruo que no dejaba de observarla como si quisiera devorarla. La sola idea le daba pavor.
—¿Qué sucede, Natalia? Antes me suplicabas para que te tocara y ahora te atreves a poner esa expresión. No me está gustando nada tu actitud, así que será mejor que la cambies si no quieres que tome represalias al respect