Decir que sentía miedo era quedarse corta.
—Roberto —gimió Natalia, leyendo una intención macabra en sus ojos.
—¡Respóndeme! —exigió el hombre, mostrándose cada vez más furioso.
Natalia tragó saliva y entendió que debía de llevar esta situación a aguas más pacíficas.
—Roberto, yo también he… he pensado mucho en ti —mintió dudosa. No sabía si el hombre se iba a creer semejante tontería, pero esperaba que fuera suficiente para llamar su atención de otra manera.
Los ojos del hombre se entrecerr