—¿Qué ocurre, Natalia? —le preguntó su esposo cuando colgó la llamada.
La mujer estaba pálida, su frente sudaba y sus manos temblaban, cosa que llamó mucho la atención de Fabián.
—Es… es…
—¿Qué es? —presionó al ver que tartamudeaba y que no podía formar una oración coherente.
—Es sobre Aleja —mintió. No podía decirle que acababan de llamarla unos secuestradores, aquello era lo primero que le habían advertido y no podría en riesgo la vida de sus hijos por nada en el mundo—. Encontraron más in