Habían pasado semanas desde la última vez que vio a Iván. El hombre le había estado llamando insistentemente para que volvieran a verse, cosa a la que se había negado rotundamente.
No quería entablar ningún tipo de relación con él.
Le caía muy bien, sí, pero no estaba dispuesta a abrirle su corazón a otra persona.
Ana Paula sacudió la cabeza, ahuyentando esos pensamientos por enésima vez.
No podía dejar de sentirse culpable.
Los días pasaban y su hijo cada vez crecía más.
Lo estaba privando del