—¿Qué es lo que ocurre contigo, Ana Paula?
Las cortinas de la habitación se abrieron de golpe y la luz solar se filtró, haciendo que una mueca de malestar se dibujara en el rostro adormecido de la mujer.
Acababa de despertar.
Sus ojos estaban muy hinchados y su deseo de seguir existiendo era cada vez menor.
¿Por qué la molestaban?
¿Por qué no podían dejarla en paz?
—Mamá, déjame en paz —respondió desviando la mirada de los ojos acusadores de su progenitora.
Siempre era la misma mirada, estaba