Natalia bajaba las escaleras con premura siguiendo los pasos firmes de su marido.
Su corazón latía con fuerza y sus manos sudaban con ansiedad.
La policía la estaba buscando.
No se suponía que debería de recibir este tipo de visitas en un sábado por la mañana.
Aquello era bastante inusual.
Inesperado.
Y por eso tenía un mal, muy mal presentimiento.
De repente se encontró frente a la puerta de la mansión Arison, mientras su marido se encaraba con los policías.
—Buenos días, oficiales, ¿qué ne