Natalia observó con lentitud como el juicio iniciaba.
En ese momento se sentía como si estuviera dentro de una botella con tapa.
Todo giraba a su alrededor, de una manera lenta y asfixiante.
El abogado de Roberto se levantó entonces para comenzar con su alegato.
Parecía ser un hombre sagaz, con traje a medida y una mirada que parecía decirle: te voy a devorar viva.
Ese sujeto no tenía escrúpulos, se movía por el dinero y estaba segura de que comenzaría a decir puras mentiras.
—H