La confesión tomó a Fabián por sorpresa, era evidente que no se esperaba escuchar semejante revelación.
Sin embargo, se mantuvo impávido, no demostró su asombro ni su desaprobación.
Diana se separó ligeramente de su hermano para mirarlo a los ojos y comprobar entonces si estaba enojado.
Pero no se encontró con nada en su semblante.
Estaba en blanco.
—¿No estás enojado? —le preguntó con temor de que la respuesta fuera afirmativa.
Esperaba una oleada de gritos y rechazo, pero su hermano dec