Desde que llegaron al hospital, Diana no se había despegado de su madre, en todo momento sostenía su mano y le aseguraba que estaría bien y que pronto regresarían a casa.
Una vez la mujer mayor estuvo instalada en una habitación del hospital con el brazo enyesado y completamente fuera de peligro, sacó a colación aquel tema que había desencadenado semejante desastre.
—Prométeme que no dirás nada sobre el niño —tomó la mano de su hija y la apretó fuertemente.
—Madre, por favor, no…
—Prométemelo