La alta figura de su esposo la esperaba debajo de la sombra de un alto e imponente árbol de Roble.
La brisa sacudió el cabello de Natalia y entonces recordó la razón por la cual había elegido ese parque. Número uno, le gustaba, y, número dos, no había un lugar mejor para tratar temas tan espinosos.
A medida que más se acercaba al lugar de encuentro, no pudo evitar apreciar la belleza de su marido.
Era alto y musculoso.
Desprendía poder y autoridad, pero también tenía un aura dulce, una que sol