Los ojos de Natalia se humedecieron al instante.
Una lágrima traicionera se deslizó por su mejilla y luego otra y otra.
La había elegido.
Fabián la había elegido por encima de Ana Paula.
Su corazón no dejaba de latir acelerado en su pecho.
Era como una locomotora desbocada que acababa de perder el freno.
Oh, incluso sentía que podía ponerse a dar saltitos de emoción como si fuera una niña chiquita.
Porque estas lágrimas que salían de sus ojos no eran de dolor como las muchas otras qu