Decir que después de aquella noche las cosas no comenzaron a cambiar, era una gran mentira. Sin duda, todo era diferente. Lo sentía en el ambiente, lo respiraba en el aire.
Ciertamente, seguían sin ser un matrimonio real, pero ahora existía una especie de compañerismo que no podía ser ocultado tan fácilmente.
Eran más que cómplices.
Disfrutaban de breves momentos a solas e incluso, en ocasiones, compartían una copa como buenos amigos.
Fabián no había vuelto a intentar tocarla de manera s