—En eso estás muy equivocada, Natalia —dio un par de pasos, acortando la distancia con demasiada premura—. Miras esto —alzó su mano izquierda en dónde se encontraba un anillo con una piedra extravagante. Usualmente, Natalia se lo quitaba para bañarse, pero al parecer, en esta ocasión se le había olvidado y ahora se estaba arrepintiendo de eso—. Este anillo dice claramente que eres mi esposa. ¡De la misma forma en que lo dicen los malditos papeles!
Natalia tragó saliva, repentinamente asustada a