—Esta mujer es una insolente —respondió Orena justificándose.
Fabián le dedicó una mirada interrogante a Natalia, buscando comprender qué era lo que en verdad había sucedido.
—¿Le dirá la verdad a su hijo, señora? —la retó Natalia, adivinando que no lo haría.
Aunque Orena mostrara odio ante el niño fallecido, sabía que era importante para su hijo. Así que sin duda actuaría como si realmente lo apreciara. Esa mujer sabía jugar muy bien sus cartas, era astuta.
—La única verdad aquí es que no tiene