Natalia no daba crédito a lo que acababa de escuchar.
¿Realmente esa mujer pensaba despedir al personal por el simple hecho de haberle permitido preparar un desayuno?
¿Estaba así de demente?
—No, de ninguna manera —se levantó también de la mesa, dispuesta a mostrar autoridad. Para bien o para mal, ella también era la señora de esa casa, era la esposa de Fabián.
—Acabo de dar una orden y ni tú ni nadie la contradecirá —habló la mujer con los puños apretados y con una gruesa vena atravesando su f