—¿Qué haces aquí? ¿Por qué no has regresado al comedor? —la voz desapasionada de Fabián llegó a sus oídos, estremeciendo sus sentidos y avivando el fuego de la rabia que crecía en su interior.
—¿Cómo te atreves? —lo volteó a mirar lentamente.
Sus ojos castaños llenándose de una flama ardiente que emanaba de su corazón y se concentraba en la palma de su mano como un volcán a punto de erupcionar.
—Natalia, me estás haciendo perder el tiempo. Regresa ahora o…
La amenaza quedó suspendida en el