Efectivamente, Fabián no le hizo ningún halago referente a su apariencia.
Esto la mantuvo de muy mal humor el resto del camino.
Cuando llegaron a la imponente mansión Buendía, la curiosidad de Natalia revivió ávidamente.
—¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el motivo?
—Negocios —contestó su esposo con simpleza.
No hubo más explicación, ni siquiera algunos consejos de cómo debía comportarse.
—¿Y los niños? ¿Quién los cuida? —Intentó mantener la conversación para ahuyentar sus nervios.
—Están en buena