—¡Tuvo que ser obra suya! —se quejó Natalia, dando vueltas en la habitación mientras negaba insistentemente con la cabeza.
La tensión en el ambiente era casi palpable.
Un manojo de documentos se encontraba esparcido sobre la cama, dando como conclusión unas alarmantes cifras en números rojos.
¡Estaban al borde de la quiebra!
—No creo que haya sido capaz —la contradijo Fabián con calma, una calma que no coincidía para nada con la agitación de un momento tan crucial como este—. Ella ha cambiad