CONNOR
—Ahora, quédate bien quieto donde estás, chico.
Gruñí, sintiendo mi cuerpo pesado, como si mis huesos fueran de plomo sólido. —Necesito levantarme —dije—. Y quitarme estas malditas cosas.
Intenté alcanzar las vendas de mi cara, pero ni siquiera llegué cerca antes de que ocurriera lo mismo de siempre cuando trataba de quitármelas. Jacob se acercó de prisa y me apartó las manos como si fuera un niño pequeño que intenta agarrar una bandeja de galletas recién horneadas.
—La cirugía no le c