No habría sido para tanto, habría sido algo que podría haber arreglado yo sola, quizá porque estaba embarazada.
Mi voz se tiñó de sollozos.
La agresividad contenida explotó en ese momento.
—Todos me intimidaban cuando ustedes no estaban.
Los que fueron al aeropuerto temblaban, apoyándose en las mesas.
¡La "desesperada" que burlaron era la verdadera señora Gustavo, Helina!
Un arrepentimiento agudo los invadió.
Había llevado el brazalete.
Había dicho que era Helina.
Ahora temían el castigo.
De rep