—Si controlaras tus impulsos, no aparecerían niños de la nada.
—Sigues poniendo excusas. ¿No sientes vergüenza?
—Eres basura podrida. ¿Por qué crees que volvería contigo?
Salvador Rey abrió la boca para responder, pero los guardias de Gustavo Matías lo inmovilizaron de golpe. Gustavo entró con el rostro oscurecido por la furia.
—Salvador, ¿ansías la muerte? —dijo con voz gélida.
Tras confirmar que estaba ilesa, ordenó a los guardias:
—Llevádselo.
En ese momento, Salvador gritó desesperado:
—¡Ell