Capítulo 10
Al beber agua, recuperé el aliento.

—Pero es León.

—¡Lo sé! —dijo Lidia—. Tu tesoro. Aunque ese diablillo es tan letal que no necesitaba protección.

Ignoré su comentario:

—¿Dónde están padre e hijo?

Sus ojos brillaron:

—Vengándote. Quería unirme, pero...

—Tu marido e hijo dan miedo. Preferí quedarme contigo.

Puse cara de falsa ofensa:

—¿Te molesta acompañarme?

Ella me miró exasperada:

—Joaquina, cuando llegué ya estabas inconsciente.

—León palideció al verte desmayada.

—Gustavo Matías miró al ni
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