Apenas entraron a la mansión, en la noche de bodas en la que supuestamente iban a consumar el amor que profesaban el uno al otro, cuando ya solo estaban ellos dos en la casa y el gentío se quedó detrás de la enorme alberca, la bajó.
En el camino del jardín hasta el hogar la cargó como a una esposa recién casada, cosa que era.
Se puso derecha y toda sonrisa y gesto de emoción se borró de su cara. Le sostuvo la mirada a Damián.
—No pretendas culparme por lo que pasó sabiendo que me dejaste sola