El castaño se bajó de la isla, se acercó a Ciabel y tomó asiento en la silla más cercana.
—Antes que nada —habló él—, perdón si estuvimos algo alejados estos días.
Negó con la cabeza.
—No pasa nada, sé que estuvimos un poco ocupados y... —Bajó la vista para evitar la suya y resopló. No tenía idea de cómo empezar la conversación que había sugerido y ahora se sentía un tanto incómoda.
—Bueno. —Sonrió ligeramente y dio un trago a su bebida—, creo que debo empezar por decir que me gustó lo que hi