Ciabel se había estado aguantando buscar su boca con la suya desde que la sostuvo de esa manera.
Apenas terminó de hablar se inclinó hacia él y con sus labios buscó los suyos.
Estaban a punto de casarse y aún así, sus labios sabían a prohibición, a un límite que no debía cruzar, pero que hacerlo era demasiado adictivo como para dejarlo pasar.
El tiempo se detuvo por un instante.
Escuchó la respiración pesada del hombre delante de ella. La mano que estaba en su mandíbula fue hasta su nuca. Bu