Ciabel era el tipo de persona a la que si le decían que estaba a punto de llover, incluso si le mostraba el pronóstico del tiempo, solo lo creería si veía las gotas cayendo del cielo. Por eso, confiar en que Damián no fuera a retractarse después de saber por qué en realidad necesitaba tanto un contrato de matrimonio falso, resultaba realmente difícil.
No estaba lista para decírselo.
Igualmente, los gestos del abogado, sus ojos más abiertos de lo normal, eran casi una pregunta indirecta: ¿Cuánt