En cuanto se dio cuenta del peso de las palabras que había dejado escapar de su boca frente al hombre que la estaba ayudando y que la había perdonado y, peor aún, también delante de Ciro, cerró los ojos con pesadez.
—Lo lamento. No sé qué digo, yo...
—Comprendo lo que dices —interrumpió el empresario con frialdad—. Entiendo a lo que vas, cuál es tu cometido y si así es como quieres seguir... lo entiendo. No estoy de acuerdo, podría ser diferente, pero si quieres distancia, no voy a obligarte a