—Mamá —le llamó la atención Ciro. Estaban delante de la casa, Logan los había dejado allí. Estaban a punto de despedirse de él. Giró a ver a su hijo.
—¿Sí, mi amor?
—¿Puedo comer el postre que está en la heladera?
Asintió divertida. Lo señaló.
—No mucho o no podrás dormir bien —advirtió.
Este asintió divertido y corrió hacia adentro.
—¡Adiós, tío! —gritó a la distancia.
La pelinegra miró a Logan. Este estaba fuera, recostado contra el auto, con los brazos cruzados y una sonrisa de diversión e