Casi todas las mañanas de Damián eran de la misma forma: interesantes. Esto se debía a una sola persona: Demian, un niño criado por Clarissa y él, lleno de vitalidad y energía, curiosidad y amabilidad. Era introvertido, pero no tenía miedo de comunicarse con los demás, todo un caso que los hacía sentirse orgullosos de la persona que estaban ayudando a formar.
Había plenitud en la vida de ambos, incluso aunque ninguno de los dos estuviera enamorado del otro. Se amaban de una forma distinta, más