Nino
Desperté con sus finos brazos atrapando mi cintura, casi como si temiera que escapara en cuanto abriera mis ojos, y sonreí, maravillada al sentir su cuerpo cálido unido a mi espalda, mientras su cabeza, escondida entre mi cabello, me permitía sentir la calidez de su respiración suave y profunda en mi oído. Manu aún dormía, exhausto con todo lo que acababa de suceder. La verdad es que no me extrañaba que estuviera tan cansado, pues fue evidente que un sinfín de sensaciones se agolparon en s