Manu
En el momento exacto en que dejé de hablar -gritar-, comprendí que había exagerado. No fue algo que hiciese del todo consiente y, aunque nadie en el universo lo crea, es cierto. De ninguna forma me habría permitido hablar así a mi madre o a Nino. Jamás. Y puede parecer absurdo como excusa, pero la verdad es que solo tenía una desconocida rabia que crecía en mi interior, y había explotado dañando a las mujeres que más paciencia me tenían.
Estaba arrepentido de hacerlo, claro que lo estaba,