—¡¿Y qué si lo sé?!— dijo Sara. —Tú buscaste a Liliana por tu propia voluntad, ¿acaso Fabián te obligó?
Dicho esto, Sara ayudó a Fabián a levantarse. —No hagamos caso a este tipo, ¡vámonos!
Fabián apartó la mano de Sara, se limpió la sangre del labio y se puso de pie.
Luego miró a Rodrigo, aún sereno. —En ningún momento he hecho nada que te perjudique. Incluso, nunca me preguntaste si la conocía, y yo nunca negué conocer a Liliana.
Después, Fabián miró a Liliana. —Lamento las molestias, me voy.