Al oír esto de Liliana, Nicolás no dijo nada más.
Por la tarde, Mateo regresó de la escuela y, al ver que Liliana ya estaba en casa, corrió emocionado hacia ella.
—¡Liliana, has vuelto! —Mateo sonreía de oreja a oreja—. ¿Cómo estás? ¿Ya sanaron tus heridas?
Liliana miró a Mateo con una sonrisa significativa:
—Mateo, ¿me ayudas con algo esta noche?
—Claro —Mateo asintió repetidamente—. Es ir a la escuela, ¿verdad?
Liliana lo miró sorprendida:
—¿Qué? ¿Ya no tienes miedo?
La sonrisa de Mateo se des