Todos los ojos estuvieron en nosotros al llegar de vuelta a la casa, en esta ocasión habían muchos hombres vestidos de negro y la única chica alrededor, como siempre era Jessie quien me observaba impotente desde su sitio.
Por más que quisiera ayudarme, no podía, el Diablo no iba a soltarme, él manda y todos obedecen.
—Camina.
—¡Eso estoy haciendo, no tengo la culpa de que tus piernas sean tan largas!
Él se detuvo abruptamente antes de girarse en mi dirección fulminándome con una mirada oscura