—Iba a llevártela.
—Pero antes necesitabas cotillear —dijo con frialdad quitándome la tiara de las manos junto a la bolsa.
—No tienes que ser grosero, solo tenía curiosidad.
—No te concierne.
Me dio la espalda y comenzó a alejarse.
—¡Espera! ¿Para quién es?
No me escuchó y cerró la puerta tras de sí, lo que me hizo enojar, pero no me detuvo.
Enseguida corrí detrás de él.
—¿Tienes una hija? —pregunté cuando estuve frente a él ocasionando que detuviera su paso mirándome con rabia.
No entiendo por