Bajé del taxi que mi madre pagó mientras sentía el temblor en mis piernas.
Esta sensación no desaparece, está aturdiéndome, volviéndome completamente loca.
—Señorita Eleri.
La señora de limpieza me miró con verdadera sorpresa antes de dejarme pasar.
A duras penas la saludé y ella me guió a donde mi madre me esperaba sentada mirándome con altivez.
—Así que has decidido ser sensata y volver. Que sepas que tu primo está muy enojado contigo.
Ignoré la retahíla sentándome frente a ella.
Viéndola y a