Acosté a la bebé sobre la cama con cuidado y temblorosa me levanté para enfrentarlo.
—No la tocarás.
Él se burló de mí enseguida.
—No seas ridícula Eleri, ni siquiera puedes estar bien en pie, decidiste engañarme durante tanto tiempo. Fui a verte pero ¡Sorpresa! Mi maldita hija no estaba en donde debería estar.
Él gruñó jalándome el pelo con fuerza atrayéndome hacia su mirada mortífera.
Apoyó un arma en mi sien mientras yo intentaba mantener la calma.
Tengo que hacerlo por mi hija.
—No pude h