Yaritza, ebria, su mente ya estaba en modo de espera, y sin pensarlo dos veces, afirmó con la cabeza.
La risa de David se profundizó una vez más, y en sus ojos, se encendió una leve luz que solo pertenecía a la chiquilla. Esa luz tenía un nombre: el ser amado.
De repente, ¡una estrella fugaz cruzó rápidamente por el cielo!
—¡Una estrella fugaz! ¡Haz un deseo rápido!
Aunque el cuerpo de Yaritza se movía desordenadamente de un lado a otro, bajó la cabeza con rapidez, con los ojos cerrados, prepar