En ese momento, unos fuertes y poderosos brazos la envolvieron, llevándola con ternura hacia su pecho.
Al instante, su voz profunda resonó: —¿Cuánto has bebido?
Al escuchar esa voz tan familiar, Yaritza levantó la cabeza, abriendo con esfuerzo sus ojos para ver el rostro apuesto frente a ella. Haciendo un pequeño puchero, levantó dos dedos.
—¡Dos latas!
David entrecerró los ojos, su mirada cayó directo en la bolsa de basura no muy lejos, notando que estaba llena solo de latas de cerveza y sin ot