Natalia llegó acompañada de Cristina. Llevaba un vestido azul oscuro, de tejido ligero, que resaltaba el brillo natural de sus ojos. El pelo, recogido en un elegante moño, dejaba al descubierto la delicada nuca y el par de discretos pendientes.
En cuanto entró, las miradas se volvieron discretas, curiosas y admiradas, e incluso Cristina, acostumbrada a la elegancia de Natália, susurró con una sonrisa:
—Si la intención era llamar poco la atención, ha fracasado estrepitosamente.
Natalia se rió, p