Fernando se quedó inmóvil durante largos minutos después de que Natália se marchara. La llovizna ya había cesado y el sol intentaba abrirse paso entre las nubes, pero él no veía nada de eso. La mirada fija en el horizonte ocultaba el torbellino que se formaba en su interior.
«Mentiras. Siempre mentiras».
Desde que Natália había aparecido en su vida, nada parecía estable. Cada palabra suya parecía tener dos significados, cada gesto, una intención oculta. Y, aun así, algo en él insistía en presta