Natalia comenzó a recuperar el sentido poco a poco. Primero sintió un leve temblor por todo el cuerpo, luego la sensación de calor de la manta que la envolvía y, por último, la presencia firme de la señora Catarina sentada a su lado, en una silla junto a la cama.
—Qué bien que se haya despertado —dijo Catalina, en un tono neutro, aunque había un ligero atisbo de preocupación en sus ojos—. ¿Cómo se encuentra?
—Un poco mejor… pero… ¿qué ha pasado? ¿Cómo he acabado aquí? —preguntó confundida, reco