Capítulo 50

Fernando se acercó aún más, acortando cada centímetro que los separaba con pasos calculados. Su mirada chispeante recorría cada reacción de Natália, cada movimiento de su cuerpo.

—Insistes en desafiarme… —murmuró, con voz baja, cargada de provocación—. Pero sabes que no hay salida, ¿verdad?

Natalia levantó la barbilla, tratando de mantener la compostura, pero había una chispa de excitación que ni ella misma podía ignorar.

—No te tengo miedo —dijo con firmeza, pero el tono delataba el torbellino
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