Natalia subía las escaleras sintiendo el peso de su mirada. Era como si cada escalón fuera más difícil de subir con aquella presencia pegada a su sombra. Fingió estar tranquila, pero por dentro el corazón le latía a toda velocidad.
Cuando llegó a la gran terraza que rodeaba toda la casa, no pudo resistirse y se giró bruscamente.
—¿Por qué me sigues? —La voz le salió firme, casi desafiante.
Fernando se detuvo a pocos pasos de ella y arqueó una ceja, esbozando una lenta sonrisa.
—¿Seguirte? —repi