Apenas empezaba a salir el sol de la mañana cuando las campanas de la iglesia del pueblo comenzaron a repicar, resonando por toda la finca y llamando a los fieles a la misa dominical.
Cuando el coche de la finca se detuvo frente a la iglesia de paredes blancas y puertas azules, con una arquitectura que recordaba a las iglesias más antiguas, todas las miradas se volvieron hacia ella. Era la novia del patrón. Las conversaciones se acallaron y mucha gente la miraba con curiosidad y respeto.
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