Capítulo 18

Un zumbido sordo llenaba los oídos de Natália. Poco a poco, la oscuridad dio paso a siluetas temblorosas. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que estaba tumbada en la cama rústica, cubierta por una manta.

Intentó moverse, pero un peso opresivo la paralizó: él estaba allí.

Sentado en una silla frente a ella, Fernando la observaba en silencio. El cuerpo inclinado hacia delante, las manos juntas, los codos apoyados en las rodillas. Sus ojos negros la miraban fijos, penetrantes, como si quisier
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