La madre de Emma miraba fijamente la pared de la enfermería, y solo volvió a la realidad cuando su compañero gritó su nombre por tercera vez.
—¿Qué te pasa? —preguntó él con urgencia, con voz temblorosa.
Ella parpadeó como si luchara contra un trance, hasta que finalmente indagó: —¿Has logrado contactar a Emma?
La expresión de su compañero se transformó.
—¡Todavía tiene el teléfono apagado, desde hace dos días enteros!
Él se frotó las sienes con sus dedos callosos y comentó: —Tú sabes que ella n